Durban. Agosto de 2013

mapa durban

Esta ciudad nos gustó mucho,  aunque el hotel no cumplió nuestras expectativas.

Durban es una ciudad en la costa este,  se encuentra en la provincia de KwaZulu-Natal. Como su nombre indica es la zona originaria de los Zulús.

Es una ciudad grande, la tercera de Sudáfrica,  y sus habitantes son, mayormente, de origen indio. Bueno, esto creo que no es cierto estadísticamente, pero, en nuestro caso, vimos mucha más gente india que negra o blanca.

A parte de esto, la influencia india se nota en el olor de las calles centrales de esta ciudad, las especias llenan el ambiente y huele maravillosamente a ellas, principalmente a curri, al cerrar los ojos,  el recuerdo de sus calles se me presenta amarillo y naranja debido a los olores-colores de dichas especias. Este curri lo puedes encontrar en toda la gama de picantes, sobretodo la “extra-súper y dolorosamente picante”. Si alguna vez venís por estos lares y decidís comer en un restaurante indio, cuidadito con el picante, no les creáis si os dicen que pica poco 🙂

El idioma principal es el zulú, con ruidos parecidos a un chasquido de la lengua, seguida por el inglés en segundo lugar. A parte también se habla africans y el hindi.

Es una ciudad industrial, con un puerto donde llegan enormes cantidades de contenedores de todas partes del mundo.

La parte turística está centrada sobre todo en la zona del estadio y el puerto, donde se encuentra el oceanográfico  que incluye una zona de bares (que no visitamos)

En 1497 llego a sus costas Vasco de Gama. Le siguieron otros pioneros de origen inglés, y sus “esclavos”,  traídos de India que, en ese momento era una colonia inglesa. Estos esclavos trabajaban en las plantaciones de azúcar.

Fue aquí, en Durban, donde desembarcó Mahatma Gandhi y, desde aquí, cogió el famoso tren, hacia Johannesburgo, donde se comenzó a fraguar su batalla contra la opresión inglesa sobre el pueblo indio, primero en Sudáfrica y, más tarde, en su tierra natal, India, al ser expulsado del tren, por no querer abandonar la primera clase, reservada exclusivamente a la raza blanca.

Tras esta breve introducción ¡vamos allá con nuestro viaje!!!

Comienza en viaje:

Salimos el viernes 30.08.2013. Ya sabéis, al principio carreteras interminables cruzando el paisaje casi desértico donde vivimos.

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Hicimos una parada en Boshof , en principio habíamos parado para revisar el gps, pero casualmente, paramos junto a una cafetería, “Mocha Jara”.

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Lo primero que te llama la atención es que , se ve que en origen era una gasolinera, pero la han reformado con muy buen gusto. Nos tomamos un café que estaba muy bueno y disfrutamos con el trato amable de sus propietarios, aparentemente una familia. Seguro que volvemos…

Para mi gente de ADANA Badajoz, en Sudáfrica también hay galgos._MG_1875.jpg

Tras ese café seguimos nuestro viaje. Están de obras en la mayor parte de las carreteras sudafricanas y, cuando cortan un carril, te toca esperar a que te abran el tuyo, esta espera se puede hacer muuuy larga.

En esta ocasión teníamos posibilidad de avituallamiento, incluso, alguno aprovechaba para ejercitarse un poco.

Llegando a Durban,

Entramos en un valle, aquí pudimos disfrutar de las famosas acacias, que rellenan el paisaje, lo que les dejan, y digo esto, porque hay señales de tráfico, que te indican que puede haber poca visibilidad ¿y esto por qué? porque aquí no se cortan y cuando lo consideran 

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oportuno le prenden fuego al monte y  listo, esa es la advertencia, “poca visibilidad por humo” (esta especie humana….)

Por si con el humo no tuviéramos bastante, resulta que también es zona de niebla, pero niebla cerrada, cerrada ¡¡¡

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Cuando llegamos a Durban era ya de noche, así que nos fuimos directos al hotel (a pasar frío)

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Sábado

Comienza el día. Nos fuimos a una zona llamada “Thousan hills” (las mil colinas), debido a su geografía.

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En esta zona, hay un centro de interpretación Zulú (o algo así) , tienen cocodrilos de todos los tamaños, los dos más grandes son cocodrilos del Nilo, un macho y una hembra. A parte, tienen una zona con serpientes.

En este mismo sitio, hay una exhibición de bailes zulús. En nuestro caso, vimos una representación de lo que es una boda.

Antes de que comenzara la boda, podíamos visitar las cabañas, como una estaba llena, pasamos directamente a la siguiente. Allí estaba un hombre, con pinta de chamán,  sentado al fondo. Así que pasamos y nos sentamos, los hombres en un lado, las mujeres en el otro… tras estar un momento allí y que no sucediera nada, decidimos irnos, pero antes unas fotitos, por supuesto, pagando (hay que hacer negocio de todo)

Mientras visitábamos a los cocodrilos, nos comentaron que podíamos probar su carne en el restaurante. Y allí fue Nandi, directo, pero le dijeron que sólo tenían una especie de empanadilla. Yo le di un mordisquito y, sinceramente, si me dicen que es pollo, me vale.
Por mi parte, me pedí un postre típico en Sudáfrica que es el “Malva Puding” no tengo ni idea de cómo se hace, pero es dulce y tiene pinta de tener las calorías necesarias para un año.

Dejamos este centro Zulú, y nos dirigimos a una especie de mercado, en él aprovechamos a comprar algunos caprichos, en mi caso, un péndulo para Reiki y esencia de sándalo. Nandi, un rompecabezas en 3D, que aún seguimos sin resolver.

La tienda era curiosa, estaba llena de puzles, alguno de ellos de madera. La mujer que regentaba la tienda tenía un mapa en una pared y los clientes que compraban algo, podían poner una 

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chincheta  indicando su país de origen. Lo que no tengo claro es si Nandi quería el puzle o poner la chincheta jijijiji

 

Barrio Indio

Nos fuimos directos al centro de Durban, al barrio indio, donde se encuentra el Victoria St. Market,  que es una gran zona comercial para los locales (negros e indios), donde se vende de todo, sobretodo cosas de origen asiático, entre las que se encuentran tiendas de telas para hacer los preciosos saharis.

En este barrio se encuentra la Mezquita Juma, que es la más grande del hemisferio Sur y su madrassa.

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Hotel Fristons (Los picapiedra)

Este era nuestro hotel, que, la verdad, fue un poco decepcionante… El aparato de aire acondicionado no daba calor así que la primera noche pasamos frío, a ver, una manta extra y listo, pero no me gusta pasar frío 😀

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Estadio de Durban

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Bonito ¿verdad? pues os aseguro que da mucho vértigo subir ¡andando! hasta arriba del arco, que ese fue el antojo de Nandi, subir a patita por ese arco (y doy gracias porque no se empeñara en hacer puenting desde él)Este arco es una gran atracción turística porque se puede ver la ciudad desde arriba, tienes la opción de subir en ascensor o andando y, claro, nosotros optamos por sufrir jijiji

Así que allí nos plantamos;

Primero ponernos el arnés en la oficina, luego, al llegar al pie del arco, te enganchan a una línea de vida (que fue la mayor tortura, más que el esfuerzo de subir o bajar) y… ¡arriba!

La bajada fue lo peor, eso de mirar hacia abajo y no ver más allá del siguiente escalón… casi no podía mover las piernas del miedo a caerme, así que le pedí a Nandi que se pusiera delante para que sus espaladas taparan el camino y yo pudiera centrarme en la dichosa línea de vida que agotaba mi paciencia.

Cuando llegué abajo, casi besé el suelo, literalmente, el guía se lo pasó genial a mi costa…

Pero se portó muy bien, no sólo por su paciencia conmigo y con nuestras ganas de sacar fotos. Además, nos llevó a la sala VIP, donde nos mostró una preciosa obra de arte.

Es una flor, que, al abrirse, muestra en el centro, miles de personas unidas, representando que eso somos nosotros, una unidad, sin distinciones de ningún tipo.

Jardín Japonés

Para descansar de tanto ejercicio, nos cogimos a nuestra niña y nos fuimos a un parque que está decorado como si fuera un jardín oriental.

Dejamos a Clara en el hotel y nos fuimos de cenita. Aquí nos podéis ver en el restaurante del hotel Docklands.

Y de ahí, a tomarnos algo y a bailar a un bar llamado Havanna (¿os suena de Upintong?) que tenía una fiesta dance así que… ¡a bailar!

Domingo

Templo Internacional Hare Krishna

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Empezamos un nuevo día visitando este precioso y acogedor templo. Con todo el respeto al resto de las religiones y sus templos, pero este, es , sin duda, el templo más bonito que he visitado en mi vida.

Es una sala circular, con grandes ventanales y un tragaluz en el techo. La luz entra por todas partes y se refleja en los espejos haciendo que todo el templo brille.

La decoración; pinturas de sus dioses, con miles de colores, y tallas igualmente decoradas, que transmiten alegría y energía positiva.
En el suelo, alfombras en el centro, ya que mucha gente ora sentada, todo el mundo deja a la entrada su calzado, y asientos en las paredes, con cojines.

Las mujeres iban vestidas con sus preciosos saharis y los hombres con unos pantalones anchos o túnicas.

Según estábamos viendo el altar, por supuesto éramos los únicos turistas, se nos acerca un hombre y, amablemente se ofrece a contarnos su religión. Se hizo un poco pesado porque no entendemos bien inglés y esto hace que, el escuchar un relato así, sea muy intenso. 

Tras acabar y darnos la bienvenida al templo, no invitó a visitarlo con toda libertad y a sacar las fotos que quisiéramos (aunque a mí me daba mucha vergüenza)

Tras la visita, nos vamos del templo pero no sin dejar de  probar una leche bendecida que te dan al salir.

Como habíamos dejado a Clara en el coche, decidimos cogerla y sentarnos en los jardines del templo. Mientras, yo aprovecho para sacar fotos a mis dos amores.

Entonces un hombre se dirige hacia nosotros y comienza a decir algo mientras señala mi cámara, me doy cuenta que dice algo de mi objetivo (lens) ¡Ah!, parece ser que me he dejado la tapa de mi cámara en el templo. Suelo meterme las tapas de los objetivos en los bolsillos del pantalón o en la mochila, no me fío de mi cabeza y no las dejo por ahí por miedo a perderlas.

Bien, pues parece que en esta ocasión, “extrañamente”, me he despistado y la he dejado en el templo.
Mientras me dirijo hacía él, el hombre me sigue explicando que mi tapa la tiene un monje que se la ha encontrado y que me está esperando.  Me descalzo y entro de nuevo al templo. Vuelvo a estar en esa preciosa sala, llena de luz y, en el centro, está un monje vestido de blanco, en posición de loto, y la tapa de mi objetivo sobre su rodilla izquierda. 

El caballero que había salido a avisarme se acerca al monje y respetuosamente le hace un saludo, me señala, y el monje se gira y me sonríe, me da la tapa mientras inclina su cabeza ante mis “thanks, thanks, thanks”

No creo en la casualidades y confieso que me encantó vivir esta experiencia y sentir de nuevo esa energía, la mirada del samaritano y la calidez del monje. Lo dicho, un templo de paz y buen rollo.

Victoria St. Market

Tras esta experiencia tan maravillosa y aún con mi sensación de estar flotando, nos fuimos a visitar a pie, esta zona.

Entramos en el mercado, por supuesto llamando la atención una barbaridad, dos blancos y una perra blanca, paseando por donde los blancos nunca entran…. turistas….

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Como suele ser habitual, una mujer nos pide si puede sacar una foto a su hija con nuestra perrita ¡of course!

Las calles de este barrio son una locura, las tiendas se desbordan ocupando la acera, los olores se mezclan haciendo que aún no hayas terminado de identificar uno cuando te llegan otros muchos, lo cual genera un poco de saturación. La gente entra, sale, se paran, se apartan, o no… 

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Nandi tenía ganas de comida india (que era lo suyo  teniendo en cuenta que estábamos casi, casi en India), así que iba buscando un restaurante, en eso que ve un cartel de uno… pero que está al final de un callejón estrecho y largo, vamos, que parecía que nos metíamos en la tasca de unos mafiosos o algo así… pero allí fuimos (así es Nandi-Jones)IMG_1186b.jpg El aspecto del bar es como una hamburguesería vieja, pero se ve que tiene bastante aceptación, no porque hubiera gente, si no porque se ve usado, muy, muy usado (y viejuno también)
La playa

Cogemos nuestra comida india y nos vamos en busca de una playa a las afueras de Durban, para poder tener a Clara en la arena sin problemas (a ver si vamos evolucionando y podemos llevar a nuestros perros a las playas. No me digáis que es poco higiénico. Si queréis os hago un listado de la porquería humana que me he encontrado en las playas y de los residuos y contaminantes humanos que echamos en el mar y los inexistentes residuos que deja Clara)

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Bien, encontramos el sitio perfecto y ¡a comer!

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Como anécdota, estos chavales que jugaban en el agua. Me hizo gracia y les saqué unas fotos, lo malo, que se dieron cuenta y venían hacia mí, cuando ” ¡¡¡¡Josuaaaa!!!! ¡¡¡¡ven acá pa’cá!!!!” y los chicos, obedientes, como tiene que ser, se dieron la vuelta… madre, me sentí como una gacela acorralada por unos leones jijijijiji

De ahí nos fuimos a pasear por el famoso y recomendable paseo marítimo.

Y a cenar a un chiringuito en la playa (muy rico el pescado)

Nos volvemos,

Y, como todo viaje, este llega a su fin… un poco de caravana, más coches chulos y… llegando a casa, un transporte “abnormal” (vamos, transporte especial en español), que nos obliga a irnos al arcén si no queremos morir aplastados… “estamos en Sudáfrica” (como diría Shakira)

 

Como curiosidad, una vez más en este país, Durban no dejó de sorprendernos con las diferencias culturales, de clases y, sobre todo, económicas. En una gasolinera de la ciudad, nos encontramos con una familia india que vivía en la calle, marido, esposa y suegra, metidos entre cartones para poder dormir en las frías y húmedas noches de una ciudad costera. ¿Por qué nos llamó la atención esta familia en especial? porque, mientras repostábamos, oímos los lloros de un perro y al mirar, vimos como el hombre sacaba a un cachorro grandecito, de un contenedor de papel (que son como buzones cuadrados) El señor, había metido al perro ahí para que estuviera seguro mientras buscaban comida y se “acomodaban”. Entonces, la familia se repartió la comida, y la compartió con ese cachorro asustado. 
Compramos algo en la gasolinera, les dimos de la carne que teníamos para clara, y encima, el hombre no sabía como explicarnos que eran buena gente, que era una familia y que no estaban metidos en nada raro “¡esta es mi mujer y mi suegra, de verdad!”
De mi boca salieron las palabras ellas solas; quien, a pesar de no tener nada, alimenta a un perro (u otro animal) es buena gente, no necesito más pruebas.

 

Un beso a todos

 

Más fotos en el albúm

 

 

3 pensamientos sobre “Durban. Agosto de 2013”

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