Dos aguas

Este lunes Nandi tenía un curso de «domador de serpientes»,  en cuanto tenga fotos os relatamos la experiencia.

Mientras él estaba en el curso yo me quedé en el hotel, con cistitis, pero vamos, nada serio.

Al final de la mañana me sentí mejor y decidí ponerme en marcha. A dos kilómetros del hotel hay un centro comercial enorme, no me gustan nada los centros comerciales, pero tenía en mente aprovechar y comprar remedios naturales para deshacerme de mis desagradables visitantes.

Así que eché a andar; en cuanto puse el pie en la calle me di cuenta que el paseo iba a ser interesante, primer obstáculo, no hay salida peatonal en el hotel. Esto me recordó a las crónicas de Isa, una de mis niñas, Isa nos contaba que en EEUU las infraestructuras no están pensadas para moverse andando, ahora entiendo a qué se refería ¿para qué van poner una acera y un acceso peatonal si NADIE va a querer salir o entrar andando? ¡pues ya ves, os ha llegado un bicho raro!

Salgo del recinto del hotel y resulta ¡que no hay aceras! Flipo ¿pero está gente cómo se mueve? Aprovecho una “senda” que hay en el césped y sigo avanzando.

Siguiente obstáculo, los pasos de peatones, madre… es toda una hazaña cruzar, el muñequito está rojo, se pone verde y en 5 segundos vuelve a estar rojo, conclusión, o no cruzas o lo haces bajo tu responsabilidad.

Aprovecho el semáforo de los coches y paso de intentar comprender el funcionamiento del mío, cruzo sana y salva, ahora empieza lo impactante. Digo lo impactante porque es curioso cómo es la mente humana, blanda, flexible y a la vez dura como la piedra.

Ya nos había llamado la atención que, en este país, sólo van andando la gente de  raza negra, pero hasta que no echas a andar y te metes en esa marea no “paladeas” la diferencia.

Allí estaba yo, “un rostro pálido”, entre pieles de ese color tostado tan deseado entre la gente blanca amante del bronceado extremo. Gracias a este paseo, creo que mis ojos han conocido la perspectiva que han podido tener mi gente de otras razas. Al principio daba cosilla, “a ver si me va a pasar algo”, veinte pasos después esa sensación había desaparecido (esto es a lo que me refiero con la mente blanda y flexible). La acera, sí ahora ya tenía acera, transcurría pegada a la universidad de Blomfontein, campos enormes de rugby (no entiendo las diferentes variedades de este deporte) gente entrenando, de todas la edades y colores, y yo, viéndolo desde fuera, sintiendo que eso es otro mundo. Veo como cogen la pelota, se la pasan, gritan, corren, nadie de esa parte de la barrera se percata de  que existo, es como cuando miraba por los oculares del microscopio, era como un dios, o un invasor, observando las actividades de lo ajeno.

Doy un mordisco a mi manzana y vuelvo a concentrarme en mi camino. Observo cómo me voy cruzando con diferentes personas, siempre de color, mujeres, chicas jóvenes, chicos, hombres, un puesto de venta de fruta… y entonces giro mis ojos hacia los coches, el tráfico es intenso y caigo en la cuenta, prácticamente la totalidad de la gente que va en esos coches son blancos, pasan cerca de “nosotros” a toda velocidad, sin percatarse de nuestra existencia, sin vernos, al igual que no me veían los jugadores de rugby.

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Somos como dos aguas, cada una de un color y que, pese a pertenecer al mismo río, no se mezclan. En ocasiones una parte del agua marrón pasa a la blanca, en coche, pero nada de la parte blanca se pasa a la marrón, bueno, perdón, un gotita sí se ha pasado, yo, que me siento feliz, cómoda, sin ningún temor, a parte del temor a que me atropellen porque, como os he explicado, las entradas y salidas de las diferentes casas, hoteles, oficinas, etc, están pensadas exclusivamente para vehículos, así que hay que andar con mucho cuidado (pensamiento al aire ¿cómo se mueven en este país la gente con minusvalías y que sean negros?)

 Continúo mi camino, “mi gente” sigue siendo de lo más variada, mayores, jóvenes, estudiantes, trabajadores con uniforme, niños ¿niños?, sí, llego a un cruce enorme, otra misión para Indiana Jones, gente  vendiendo en los semáforos y niños con “mala pinta” (entiéndase “mala pinta”; ropa y cara sucia, tristes, desorientados, tambaleantes…) más tarde me enteraré que son “los niños del pegamento”, se colocan en este cruce porque es donde más sacan, pero, debido a su estado tras la inhalación del pegamento, dejan de tener conciencia del peligro y puedes verlos de noche en mitad de dos carriles… otro cacho de mi corazón que se desprende por la injusticia de nuestra especie con nuestros semejantes.

Ya cerca del centro comercial me llama la atención que las calles están muy sucias, un ratón se cruza en mi camino, esto no era así cerca de la universidad. No puedo evitar pensar que si “los blancos” usaran sus piececitos para moverse, las calles estarían limpias y los accesos estarían adaptados a los peatones.

En fin… llego al centro comercial, las aguas se mezclan en este remanso, parece que he entrado en otro mundo, ya van tres en menos de una hora de caminata, “llamando desde  el planeta Edurne, probando, probando, ¿alguien me oye? ¿hola?” está claro que en ese momento nadie entra en mi mundo, con lo agustito que se está en él.

 

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Os quiero

 

 

 

8 comentarios sobre “Dos aguas”

  1. Es como entrar en mundos paralelos constantemente e ignorar todo lo que hay a nuestro alrededor….

    Qué débil es nuestra existencia a veces…..

    Por cierto, ¿Clarita se quedó en el hotel? (no he leído su nombre)

    P.D: «Yo quisiera ser civilizado como los animales…..» 😉

    1. Eso es, tanto desear viajar a otros planetas, o en el tiempo, estamos cada uno en nuestro mundo y sólo tienes que cerrar y abrir de nuevo los ojos para irte a otro. Es así de sencillo y complicado.
      Clarita se quedó en el hotel donde estamos alojados desde que llegamos. Se hicieron cargo de ellas las mujeres de dos compañeros. Clara ya tiene dos tías en estas tierras 🙂

  2. Un relato muy descriptivo. De hecho te he imaginado caminando entre la gente. Hubiera quedado bien si hubieras subido alguna foto del momento, pero no ha hecho falta. Me ha gustado mucho.
    Terrible realidad de este mundo. ¿Siglo XXI? Sigo pensando que es terrible, indignante, incoherente y triste, muy triste.
    Un abrazo.

    1. Toni, es muy triste y frustrante. No hay fotos porque me daba un poco de miedo ir sola y con la cámara, tampoco es cuestión de tentar a la suerte. De todas formas buscaré «fotos de archivo», se agradece el comentario.
      Besitos

  3. Hasta hoy no he podido leerte, tu descripción del entorno es magnifica, esas palabras son «imágenes» perfectas del entorno, bueno lo de perfectas es por lo bien que lo describen, por que es triste que la sociedad sigamos siendo así. Si todos respiramos el mismo aire, ¿por qué esas discriminaciones?, el color de la piel no importa, yo no miro la mía, solo veo la de los que nos rodean y aun así, ¿qué mas da de qué color sea o dónde haya nacido?.

    Bueno guapa, cuídate, y disfruta de lo que te está tocando vivir, que seguro que tornará en una bonita experiencia.

    Un beso.

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