Diagnóstico, cáncer

«Mi Reset» parte 2

3 de abril de 2020

Dicen que escribir es terapéutico, yo solo espero que mis palabras ayuden a quien las necesite a transitar este proceso.

Hospital Clínico Universitario de Valladolid, tercera planta, ala oeste. Esperaba junto a Nandi en la sala de espera, solo lo recuerdo a él, no sé si había alguien más.

El fin de semana habíamos estado hablando de ello, intenté transmitirle con serenidad mis sospechas, él prefería pensar que no era nada.

Ahora, en la sala de espera, yo miraba por la ventana. Un piso más abajo, a través del cristal de una habitación veía las piernas de alguien en la cama, estaban destapadas, eran solo huesos y piel, las movía como intentando no perder contacto con su cuerpo, con la realidad, con la vida… el miedo se apoderó de mi ¿acabaría yo así, en un cama, apenas con fuerzas para zarandear levemente mi cuerpo?

-Edurne San Vicente- Consulta- Al escuchar mi nombre salí de mis pensamientos y nos dirigimos a la consulta indicada. Allí me esperaba dos mujeres, una sentada en la mesa y otra de pie, todos llevábamos la obligada mascarilla pero los ojos de la doctora, la que estaba sentada, ya me hablaban desde la distancia.

-Siéntate Edurne- me dijo.

Tomé asiento, Nandi se quedó de pie aún habiendo una silla libre.

Empezó hablando de la biopsia, del tipo de pruebas…

-Vaya la grano por favor- le pedí

-Tienes un tumor de 3 cm en el pecho derecho- nos explicó por fin.

Mientras hablaba, Nandi no pudo más y se sentó con la mirada perdida. Yo solo podía pensar en su dolor, le toqué y le dije «lo siento«, no porque fuera culpa mía, si no porque entendía el dolor que estaba sintiendo, yo llevaba días llorando en silencio, en el baño, él acababa de entrar de lleno en la realidad.

Ante nuestras lágrimas la doctora nos animaba –Hay mucho que luchar aquí, ánimo. Vamos a ir poco a poco. Pero hay camino, posibilidades-

Salimos del hospital cogidos de la mano. Llorando pero sin hablar. Cuando llegamos al coche nos abrazamos. Él no decía nada.

El enfado me invadió, una emoción que me acompañaría durante el proceso, aún no se ha ido del todo. No podía dejar de repetirme «toda la vida anteponiendo a los demás a mi misma, pensando en los demás antes que en mi ¿y ahora esto? ¿qué pasará con Iris?» Sentía que no era importante mi muerte, pero ¿cómo iba a superar Iris quedarse sin mi? y Nandi ¿cómo iba a llevar ser padre si yo me moría? una vez más, los demás antes que yo… que gran lección me estaba dando la vida…

En el trayecto a casa, sin apenas nadie en las calles o en la carretera, iba repasando mi vida, echándome en cara lo mal que me había tratado, lo mal que me había alimentado, el no haberme dedicado tiempo a mi, a Iris…. la culpa y el enfado no me dejaban pensar de forma racional.

Cuando llegué a casa de mis padres, a pesar del confinamiento, entré y me abracé a mi padre.

-Abrázame fuerte, no me sueltes- le decía mientras no paraba de llorar y sentía que mis piernas no podían sujetarme. Me sentía como la niña que había sido, quería volver a ser niña en sus brazos y que todo fuera un mal sueño. No quería soltarle porque no quería volver a la realidad.

Uno a uno fuimos dando la noticia. Supongo que hay quien prefiere no contarlo, yo prefería que todos se enteraran de golpe, no quería contar una y otra vez durante días o semanas la misma historia, quería que ese día acabara lo más rápido posible. Nandi se encargó de contárselo por whatsapp a los más cercanos.

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Una llamada que sí hice yo misma, fue a mi médico de cabecera. Quería hacerle ver su error y le pedí que me hiciera un permiso para que, mientras el resto de España no podía salir de casa, yo pudiera salir, pasearme sin problemas porque, de no ser así me volvería loca.

También se lo contamos a Iris. ¿Cómo explicarle algo así a una niña de 4 años? Pero no contarle nada no era una opción. Yo rompo a llorar con facilidad, mi aspecto iba a cambiar rápidamente, mis fuerzas, las visitas al médico que se avecinaban e Iris, ella es muy sensible, sería imposible no hacerla partícipe de todo lo que estaba por llegar.

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Le dijimos, bueno, Nandi le explicó, porque yo apenas podía hablar sin llorar; «que la teta de mamá estaba malita que íbamos a intentar curarla. Le explicó que se me caería el pelo, que habría días complicados pero que estaríamos todos unidos» Ella, al contarle todo nos dijo que se alegraba haberme dado el golpe en la teta y que gracias a eso nos habíamos enterados de que la teta necesitaba ayuda… ¡toma intuición e inteligencia infantil! (para todos esas personas que se creen que los niños no se enteran de nada, que hablan delante de ellos como si no pudieran oír. Para los que piensan que los niños nos sufren o que olvidan rápido… ay… que equivocados podemos estar los adultos)

He descubierto hace poco un libro que, si estás pasando por esto y tienes niños pequeños puede que te guste adquirirlo. Se llama «Pintamos a mamá de colores» de Beatriz Chaves Cuñado. Me gusta porque le da un cariz de amor, no de «lucha contra el cáncer» que puede asustar a los peques. Os dejo el enlace por si queréis adquirirlo.

Aquí acaba esta entrada, así acabó mi viernes 3 de abril. Aquí empezó mi vivencia, mi reset, como yo lo llamo, y entrada tras entrada os explicaré por qué lo llamo mi reset.

Gracias por leerme.

Edurne

14 comentarios sobre “Diagnóstico, cáncer”

  1. Gracias por contar con nosotros,
    gracias por tener ese tesón y esa fuerza,
    gracias por compartir tu ser…

    Todavía tienes mucho que ver y que disfrutar con tu pequeña y tu compañero, así que sigue contándonos.

    Un fuerte abrazo, de corazón

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